¿Por qué tantos hogares se sienten vacíos aunque estén llenos de cosas?
María entró a su salón recién amueblado y sintió algo extraño. Todo era nuevo, todo combinaba perfectamente según el catálogo. Pero faltaba algo. Ese sofá idéntico al de tres vecinos más. Esa mesa que vio en cinco casas diferentes.
Su hogar no le hablaba. Era funcional, sí. Estéticamente correcto, también. Pero carecía de alma. De esas pequeñas imperfecciones que hacen que un espacio se sienta vivo, personal, único.
Estudios recientes sugieren que el entorno físico puede influir significativamente en nuestro bienestar emocional [1]. Un espacio que refleja nuestra identidad puede contribuir a generar mayor sensación de pertenencia y satisfacción.